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¿Sabes si las emociones son buenas o malas?

¿Alguna vez te han dicho que es malo sentirte triste o enojada? ¿O que es bueno demostrar felicidad?


Las emociones no son ni buenas ni malas, son neutras. A las emociones hay que entenderlas como lo que nos aporta la energía para actuar, para movernos, para accionar. Son una herramienta que nos ayuda a adaptarnos a las distintas situaciones de la vida.




Todos tenemos emociones, son innatas a los seres vivos y tienen funciones específicas. Como les decía, uno de sus papeles principales, si no es que el más importante es que nos motivan, las emociones son como nuestro equipo de porras, nos motivan a hacer cosas. También nos ayudan a comunicarnos más allá del lenguaje verbal.


Las emociones nos permiten reaccionar ante amenazas, preparan a nuestro cuerpo para afrontarlas y nos informan acerca de nuestro entorno. Algo que nos provoca miedo o estrés, va a generar una reacción fisiológica en nuestro cuerpo que nos permita ponernos a salvo.


Cuando actuamos partiendo de nuestra emoción, el objetivo es anticipar una respuesta al grado que sea posible.


Como todo en la vida, los extremos no son buenos, cuando vivimos emociones muy fuertes, podemos alterar nuestro equilibrio emocional y puede aparecer un síndrome, como el síndrome postraumático.


Lo importante en cuanto al manejo de emociones, o el reto, sería que aprendiéramos a gestionarlas.


Cuando aprendemos a gestionar nuestras emociones, podemos anticiparnos a la respuesta reactiva que surge de las mismas. ¿Y esto para qué nos podría servir? Pues para aumentar las decisiones acertadas, evitar irnos en automático obteniendo resultados que pueden no ser los idóneos de los cuales nos podamos arrepentir en el futuro.


Por ejemplo, si estoy parada en la mitad de una avenida y puedo identificar que estoy sintiendo miedo porque necesito sentirme segura, en vez de reaccionar a una emoción no identificada con acciones como correr o paralizarme, puedo permitirme ver la mejor opción para tratar con la emoción del miedo sin ponerme más en riesgo.


Pensando en etiquetar las emociones como buenas o malas para poder comprenderlas mejor, podríamos hablar de las emociones que se alimentan de la imaginación. Este tipo de emociones no son reales. Los seres humanos podemos alimentar nuestras emociones con la imaginación, lo que hace que algunas de nuestras emociones se exageren.


Todos experimentamos distintos tipos de emociones, pero sólo los seres humanos experimentamos odio. Esta es la única emoción que personalmente etiquetaría como mala. El odio es el deseo de destruir lo que te puede producir felicidad. El odio es autodestructivo, se retroalimenta, no se diluye una vez pasado el estrés emocional y puede durar toda una vida.


Si aprendemos que las emociones están para ser liberadas, escuchadas y comprendidas, que nos permiten adaptarnos y sobrevivir, diferenciando las reales de las imaginarias, en vez de pensar en cuáles son buenas o malas o cuáles esta bien sentir y cuales no, vamos a poder sacarles el mayor provecho.

 
 
 

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