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¿Por qué nos cuesta visualizar nuestro futuro?

¿Te acuerdas cuando eras niño y tenías sueños? Quizás querías ser astronauta, o artista, o policía, o vaquero. Pero cada vez que te preguntaban qué querías ser, no faltaba el adulto, que te decía que eso era imposible, que no era realista, que pensaras en cosas serias.




Nadie nos enseña a visualizar nuestro futuro, desde niños, muchos crecemos con la idea de que tenemos que pensar en cosas que le den gusto a los otros, que encajen en la sociedad, que cumplan con expectativas externas, que sean cosas que causen admiración, que den estatus, sin importar si nos gustan o no.


Nadie nos enseña que soñar esta bien. Nadie nos da los pasos para aprender a reflexionar sobre las cosas que nos gustaría y el cómo hacerlas posibles.


Cuando vamos creciendo, muchas veces perdemos la capacidad de soñar, porque nos sentimos juzgados, criticados, porque pueden incluso burlarse de nuestros sueños y vamos asociando esto con emociones y experiencias desagradables. Vamos perdiendo la capacidad de soñar porque dejamos de hacerlo por miedo a ser rechazados, a no pertenecer, a no recibir reconocimiento.


¿Cuál es el resultado de esto? Que cuando nos piden visualizar nuestro futuro, no podemos tener una visión propia y clara de lo que queremos lograr en la vida y podemos pasar años dando vueltas, comprometiéndonos con futuros que no son nuestros, con metas que no son nuestras o que no son realmente importantes para nosotros. Cuando no trabajamos de forma activa en una visión propia con sus metas, nos va a costar trabajo encontrar sentido y dirección en nuestras vidas. Porque todos los proyectos surgen de un sueño, del visualizar algo que quisiéramos para nosotros.


Al no saber cómo visualizar nuestro futuro también pensamos que es un proceso difícil y que nos va a quitar mucho tiempo. Y que además pensar a futuro tiene el riesgo de revivir las emociones de cuando soñábamos de niños, pues una visión es una idea de algo que no hemos realizado, es un tipo de sueño.


Lo primero que tenemos que aprender a hacer es escuchar desde el corazón. Para definir nuestra visión, tenemos que hacer a un lado lo que creemos que los demás quieren que hagamos. Tenemos que separar lo que creemos que son buenas ideas de lo que son visiones de futuro significativas y esto implica escucharnos, conectar con nuestra esencia y con lo que realmente somos y lo que queremos.


Tenemos que aprender que nuestro propósito no es complacer a los demás y que nuestra visión de futuro tiene que ser algo que nos motive por el resto de nuestra vida o al menos por los próximos años.


Lo que puedes hacer, es empezar con pasos pequeños.

Empieza por soñar.

Recuerda cuando eras pequeña y soñabas. No importa lo que sueñes, no tienes que tener un objetivo para tus sueños, no los tienes que volver realidad, el chiste es que retomes el ejercicio de soñar. Hazlo hasta que se vuelva un hábito y te sientas cómoda con ello. Puedes apuntar los sueños que más te gusten o llamen la atención para retomarlos cuando continuemos con el proceso.


Puedes tener sueños para cualquier área de tu vida, para tu trabajo, salud, finanzas, etc. Sueña en grande, redescubre tu capacidad de soñar.


Esto es todo lo que tienes que hacer por el momento.

 
 
 

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