¿Cómo convertir los errores de nuestros hijos en aprendizaje productivo?
- Mariedith Losan

- 4 feb 2021
- 4 Min. de lectura
Como papás estamos esperando tener hijos que no se equivoquen. Que no tiren la leche, que no reprueben exámenes, que resuelvan todos los problemas que se les presentan a la primera.
Esto en vez de conseguir que nuestros hijos aprendan, pero sobretodo disfruten del proceso de aprendizaje, los hace querer evitarlo o hace que su mentalidad se vuelva rígida, se proteja del fracaso instalándose en una zona de confort donde usan la ley del menor esfuerzo que ya dominan porque los hace equivocarse menos. No desarrollan su autoestima, creatividad, no encuentran nuevas estrategias y enfrentan nuevos retos con confianza y resiliencia.
Hay que tener presente, que el cerebro es como un músculo. Cuando aprendes, crece. Cuando sientes que algo es difícil, es porque tu cerebro está creciendo y la sensación de incomodidad debería de ser identificada con esto. En vez de evitarla por pensar que es mala, saber que es la indicación de que vamos por buen camino.
Los cerebros para crecer, tienen que reconocer entre la mentalidad fija, donde la inteligencia, los talentos y las habilidades no se pueden seguir desarrollando, y la mentalidad de crecimiento donde puedes desarrollar tu inteligencia, talentos y habilidades.
Tenemos que enseñar que las fallas y errores son necesarios para el aprendizaje y por lo tanto crecimiento de nuestro cerebro.
Cuando tu hijo sienta que se equivicó, ayúdalo a reflexionar en lo que pasó para que pueda aprender de la experiencia. Evita que se quede con la sensación de fracaso esteril o improductivo y que prefiera no probar con cosas nuevas para no volver a experimentar la emoción negativa de haber fallado. Los errores o equivocaciones deberían ser neutros, ni buenos, ni malos. Hay que vivirlos como oportunidades de aprendizaje.
Lo primero que tenemos que hacer como padres, es hacernos conscientes de nuestra propia mentalidad y de nuestras expectativas con respecto a cómo queremos que nuestros hijos crezcan.
Identifica qué mensajes le envías a tu hijo con tus palabras y acciones. ¿Lo estás motivando a seguir intentando, sin etiquetas o castigos? ¿Le permites un espacio seguro y amplio para que pueda experimentar y donde tu eres un guía que puede acercarle herramientas para que las use por si solo y aprenda sin miedo a equivocarse? ¿Le transmites que no necesita hacer las cosas al mismo tiempo y de la misma forma que los demás porque cada uno tiene procesos de aprendizaje diferentes de acuerdo a sus habilidades, talentos, intereses y circunstancias?
Ayúdale a tu hijo preguntándo:
¿Cómo esta experiencia te puede ayudar a mejorar?
¿Qué aprendiste de este “error” / experiencia?
¿Qué otras estrategias, métodos, estilos, formas puedes probar para buscar cambiar el resultado o alcanzar tu meta?
Cuando tu hijo esté realizando una actividad es importante saber que elogiar o incentivar y que no.
Incentiva:
El esfuerzo, las estrategias, el progreso, el trabajo duro-dedicado, la persistencia, el enfrentarse a los retos, el aprender de los errores.
No incentives:
-El talento como algo inmutable. Esto quiere decir que no etiquetes a tu hijo con un talento en particular de tal forma que sienta que no puede seguir desarrollandolo o que no puede probar con otras cosas porque es talentoso solo en una.
-El ser listo. Esto tiene que ver con la motivación y capacidad para resolver problemas en una situación específica. Si sólo elogiamos el ser listos cuando los resultados se apegan a nuestras expectativas, el niño siente que tiene que trabajar por la etiqueta de ser listo, no por el aprendizaje que conlleva resolver un problema aún cuando se haya tenido que equivocar varias veces sin ser lo suficientemente listo para conseguirlo.
-Los talentos de nacimiento: estos no los ha tenido que trabajar mucho. Una vez más son etiquetas que pueden limitar el que el niño se sienta cómodo saliendo de su zona de confort para probar otras cosas que siente que no posee o domina por no haber nacido con ellas.
-Las habilidades adquiridas.
-La “perfección” o el no cometer errores. Cuando lo elogias por no cometer errores, estás poniendo el énfasis en eso, en no equivocarse y el niño va a pensar en evitar los errores para cumplir con tus expectativas a costa de su creatividad, aprendizaje y expasión de su experiencia y conocimientos.
En vez de decirle, no puedes, o no lo lograste, dile: “No lo puedes hacer, todavía”, “No lo sabes, todavía” Hay que enseñarles que todo en la vida es progresivo, que se requiere seguir procesos, pasos, que no se nace sabiendo todo, pero que siempre se puede saber, aprender, mejorar, hacer más. Así que si todavía no llega a donde quiere, eso no quiere decir que no pueda llegar.
Motívalo a poner su atención en los beneficios de seguir probando y equivocándose. Puedes hacerle las siguientes preguntas:
¿Qué de lo que hiciste hoy fue lo que te hizo tener que pensar más?
¿Qué nuevas estrategias probaste hoy?
¿Cuál de los errores que cometiste hoy te enseñó algo?
¿Qué fue lo más difícil que tuviste que hacer hoy?
¿Qué estrategias se te ocurren para que cuando lo vuelvas a hacer te sea más fácil?
Pon tu atención en promover una mentalidad de expansión y crecimiento donde se disfrute el proceso de aprendizaje y los errores se vuelvan parte del mismo, no algo que quiera evitar a toda costa.
¿Te hace sentido esto? ¿Qué estrategias puede probar para fomentar esto en tus hijos? ¿Qué tipo de mentalidad tienes tu?
Nos vemos la próxima!





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