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¿Cómo puedes simplificar la toma de decisiones difíciles?

  • 4 feb 2021
  • 3 Min. de lectura

A lo largo de la vida tomamos miles de decisiones, pero las que realmente nos dan dolor de cabeza son las “grandes”. Las que más van a influir en nuestro futuro, salud, familia, bienestar, etc.



No vamos a hablar del tipo de decisiones como qué te vas a poner hoy, sino de decisiones como; ¿qué carrera elegir, me divorcio o no, me mudo de país?, etc.


Cuando hablamos de temas más trascendentales, quisieramos que la toma de decisiones fuera sencilla y muchas veces, ponemos nuestra atención y energía en buscar la salida más fácil porque queremos acabar rápido con el asunto y evitar el desgaste, ansiedad, preocupación, incertidumbre de pensar en todo lo que gira en torno a la decisión que queremos tomar. Ten en cuenta que tomar una decisión importante a la ligera, te va a alejar más de obtener buenos resultados.

Cuando hablamos de decisiones importantes, rara vez la opción “más fácil” va a ser “la mejor”.


¿Cómo puedes hacer para tomar las mejores decisiones sin desgastarte tanto?


1. No hay decisiones perfectas: o sea, no hay manera de que garantices que la decisión que tomes es “la mejor”. No hay tal cosa como una decisión “perfecta”. Esto es lo primero que tienes que tener claro. Deja de preocuparte por tomar una decisión a prueba de contingencias y que satisfaga a todos los involucrados.


2. Las decisiones tienen fecha de caducidad: pensamos que una decisión es para siempre y eso genera mucho estrés. “¿Y si me equivoco?”.


Una decisión es válida, funcional, aplicable, por un cierto tiempo, ¿porqué?, pues porque la necesidad, circunstancias, experiencia o madurez que te llevó a tomarla, no van a ser las mismas dentro de una semana, mes, o año. La misma toma de esa decisión va a hacer que tus circunstancias cambien, así que no pienses que no vas a tener que tomar más decisiones de un tema en particular, por haber ya decidido algo muy grande al respecto.


Una vez más, relájate, siempre podrás actualizar tu decisión para mantenerla vigente para que se aplique al momento en el que estes.


3. Decide pensando en ti primero: pensamos que cuando tenemos que tomar una decisión muy grande, hay que tomar en cuenta a todos los involucrados con el mismo porcentaje de importancia y decidir equitativamente para todos. Esto es imposible.


Las decisiones debes tomarlas pensando primero en ti y después en los demás. Si tu estás bien, es más fácil que los demás se sumen y estén bien, que si decides pensando en todos y tu no estás convencida de lo que estás decidiendo por darle gusto a todos.


Ejemplo: te ofrecen un super puesto en el extranjero. Primero decide tu si te irías, imagina que estás sola, que la decisión no afecta a nadie más, ¿la tomarías? ¿Si o no? Y solo entonces empieza a integrar a los demás pero partiendo de la certeza de tu respuesta. Tienes que estar segura de tu decisión del porqué es importante para ti, para qué te sirve tomarla, a dónde quieres que te lleve y solo entonces, de ser necesario, subir a los demás al barco. Tienes que asumirte como el capitán y después convencer a la tripulación de navegar contigo hacia un rumbo específico.


4. Toma decisiones de las que estés dispuesta a responsabilizarte: Cuando tomamos decisiones, siempre va a haber consecuencias, pero es más fácil enfrentarlas, sobre todo las negativas, cuando tenemos claro para qué la tomamos.


Las decisiones tomadas con la consciencia de a dónde te quieres mover o qué buscas lograr, te dan la motivación suficiente para sustentar lo decidido y enfrentar los temporales que puedan venir con ella sin bajarte del barco hasta alcanzar tu destino, cuidando de todos los que vengan contigo.


Es más fácil disfrutar del viaje, cuando el capitán te da la certeza del rumbo escogido, que cuando el primero que se quiere bajar es el que marcó el rumbo. Los temporales no son tan aterradores y son más llevaderos con alguien al timón que se responzabiliza del rumbo tomado que cuando nadie sabe ya porqué van a donde van. Házte responsable de tu decisión y asume las consecuencias, sólo así podrás seguir o cambiar el rumbo, sólo así podrás estar en control.


Piensa en cómo tomar decisiones usando los puntos anteriores te puede llevar a elegir “la mejor”, restándole ansiedad y dándote más certeza de a dónde quieres llegar.


Lo más importante es que sepas que el rumbo se corrige sobre el trayecto y que siempre podemos hacerlo.


Las decisiones pueden cambiar muchas cosas, pero nada es insustituible, decide qué tanto te quieres estresar con este tema y qué tanto puedes fluir un poco más y facilitarte la vida.


Nos vemos la próxima!

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