Al final del día, cuando el silencio por fin se instala en casa y los niños se van a dormir, muchas mamás nos enfrentamos al momento más duro: nuestro propio juicio . Te vas a acostar agotada, pero en tu mente empiezas a repasar cada decisión: ¿Fui demasiado dura? ¿Debí ser más firme? ¿Soy una mala madre por priorizar otras cosas? Este diálogo interno es agotador y, sobre todo, injusto. Nos cuestionamos constantemente intentando alcanzar un ideal que simplemente no existe. Un